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Urano es la No Forma, es aquello que está más allá de la existencia física, la energía que trasciende la Materia, lo Inmanifestado. Para ponernos en contacto con esa energía, una de las técnicas más importantes es la Meditación. Krishnamurti (Meditación, 2009) habla así:        
“La meditación es esa atención en la que hay una percepción lúcida, sin preferencia alguna, del movimiento de todas las cosas -el graznar de los cuervos, el temblor de las hojas, el ruidoso torrente, la llamada de un niño, los sentimientos, los motivos, los pensamientos persiguiéndose los unos a los otros y, aún más en lo profundo, la percepción alerta y lúcida de la totalidad de la conciencia. Y en esta atención, el tiempo como el ayer en persecución del mañana se aquieta y calla. En esta silenciosa quietud hay un movimiento inmensurable, incomparable; un movimiento que no tiene existencia, que es la esencia de la bienaventuranza, de la vida y la muerte. La meditación es la destrucción de la seguridad, y en la meditación hay belleza, no la belleza de las cosas que han sido producidas por el hombre o por la naturaleza, sino la belleza del silencio. Este silencio es el vacío en el cual todas las cosas fluyen y existen; y ni el intelecto ni el sentimiento pueden llegar a ello.”
Este vacío es la esencia de Urano y la No Forma.