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Según Jung, (1920) el Símbolo es una máquina psicológica que transforma energía y a través de les representaciones  modifica la Libido. Los Símbolos nunca fueron inventados conscientemente sino producidos por el Inconsciente, a través de la revelación o la intuición. Es muy probable que gran parte de los Símbolos Históricos procedan  directamente de los sueños o al menos haya estado suscitado por los mismos. Las ideas fundamentales que forman el orden simbólico, Jung (1920) las ordena dentro de un sistema de lógica simbólica y en relación con la Libido o energía vital. Explica que tenemos les siguientes posibilidades de simbolización: 
  1. La comparación analógica (es decir, entre dos objetos o fuerzas situadas en una misma coordenada de “ritmo común”), por ejemplo: el Fuego y el Sol. 
  2. La comparación causativa u objetiva (que alude un término de la comparación y substituye esta por la identificación), por ejemplo: el Sol benefactor. 
  3. La comparación causativa subjetiva (identifica de una forma inmediata la fuerza con un símbolo u objeto en posesión de función simbólica apta para esta expresión), por ejemplo: Falo o Serpiente. 
  4. La comparación activa (que se basa no ya en los objetos simbólicos, sino en su actividad, introduciendo dinamismo y dramatismo a la imagen), la Libido fecunda como el toro, es peligrosa como el jabalí etc. La conexión con el Mito es evidente. 
El Símbolo es el lenguaje de los Arquetipos y pertenecen al dominio de éste, las Religiones, los Mitos y las Leyendas.    

La analogía simbólica 
Según la Tabula smaragdina  el triple principio de la analogía entre el mundo exterior y el interior consiste en: la unidad de la fuente o del origen de ambos mundos, el influjo  del mundo psíquico sobre el mundo físico, y del mundo material sobre el espiritual. Pero la analogía no solo consiste en esta relación entre lo interior y lo exterior, sino también entre los fenómenos del mundo físico. La similitud material, formal, es solo un de los casos de la analogía, esta también puede existir en la acción y en el proceso. Por ejemplo, el Proceso de Creación, que les Teogonías expresan como una multiplicación progresiva, que es en realidad una división, porque todo proviene del Uno, tiene su manifestación analógica en el mito de la descuartización de Osiris, en Egipto, de Prajapati en la India o de Dionisio en Grecia. 
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La analogía como procedimiento de unificación y de ordenación aparece en el Arte, en el Mito y  en la Poesía continuamente. Su presencia delata siempre una fuerza “mística” en acción, la necesidad de reunir lo que está disperso. La analogía es la piedra angular de todo el edificio simbólico. Si establecemos dos acciones paralelas “El Sol vence a las Tinieblas” y “el Héroe mata al Monstruo”, hay una correspondencia entre las dos frases y acciones. Hay  una analogía de proceso: ambos sujetos, ambos verbos y ambos predicados se corresponden entre si. Como además, hemos escogido dos acciones de ritmo común se podrían substituir libremente e intercambiar los elementos de las series sin que el sistema se rompa, y podemos decir: “El Héroe vence a les Tinieblas” y “el Sol mata al Monstruo”.
La función esencial de lo que es simbólico es penetrar en lo desconocido y establecer paradójicamente la comunicación con lo incomunicable. Diel (1992) explica la diferencia entre Alegoría y Símbolo con un ejemplo interesante: “Zeus lanza el rayo”, esto significa en el plano meteorológico una simple alegoría, esta se transmuta en Símbolo cuando la acción adquiere un sentido  psicológico. Zeus se convierte en Símbolo del Espíritu y el rayo lanzado simboliza la repentina aparición del pensamiento iluminante (Intuición) que se supone es enviado por la Deidad. 

El ser humano se despliega, se desarrolla y se realiza gracias a los procesos de simbolización, gracias a ellos consigue una sana y equilibrada circulación de la energía psíquica enferma de neurosis cuando se escinde o se desequilibra. Cuando el yo se desarraiga de sus fuentes vitales solo puede recobrar su salud gracias a los símbolos unificadores creados espontáneamente por los Arquetipos y con la colaboración del Inconsciente. Mediante la ayuda del psicoterapeuta los símbolos se traducen para hacer comprensibles e integrables sus significados.