Contexto histórico: La Edad Media,  la influencia en la Cábala y la Magia
Marco Teórico: La Ciencia Hermética, la Gran Obra y la Piedra filosofal. Las fases de la Alquimia

alt
De Egipto provienen los primeros escritos sobre la Alquimia, y en Oriente de las lejanas tierras de China. El hecho es que se han hallado tanto escritos griegos citando a los orientales como referencias egipcias en los textos árabes. En la actualidad los principales documentos se hallan en la Biblioteca Nacional de París y en Leyden, donde se han ordenado los Textos Alquímicos en dos grandes grupos: aquellos de origen griego y aquellos otros firmados por un misterioso personaje llamado Jabir ibn- Hayyan, también llamado Geber, que se supone vivió en el siglo VIII de nuestra era. Estudios más cuidadosos han demostrado que no todas las obras atribuidas originariamente a Geber fueron escritas por el científico árabe.
A medida que la Alquimia se iba adentrando en Europa, nuevos hombres se dedicaron al estudio de la nueva disciplina. Los nombres que la historia señala son bien conocidos y entre ellos destacan los de San Alberto Magno (1193-1280), Ramón Llull (1232-1315), Roger Bacon (c. 1213-1294), Arnau de Vilanova (c. 1250-1311), Paracelso (1493-1541) e incluso Newton, el primer gran científico moderno que, aunque no se dedicó por completo a la Alquimia, la citó con frecuencia en sus obras y se dice que mandó construir un pequeño laboratorio en el Trinity College para estudiar los Misterios de la Transmutación.
La Alquimia era ante todo una Ciencia Hermética alrededor de la cual se fue tejiendo un halo de misterio y secreto, originado en parte por las aspiraciones extrañas y a menudo incomprensibles de algunos de sus seguidores, así como por la forma simbólica y casi indescifrable de sus escritos.  La labor del Alquimista  se centraba especialmente en tres facetas distintas: por una parte la búsqueda de la Piedra Filosofal, en presencia de la cual todos los metales podían ser convertidos en oro; en segundo lugar el descubrimiento del Elixir de larga vida, imaginado como una sustancia capaz de evitar la corrupción de la materia y por último la consecución de la "Gran Obra", cuyo objetivo era elevar al propio Alquimista a un estado superior de existencia.
Buscando antecedentes históricos a lo que le estaba aconteciendo y a las intuiciones psicológicas a las que estaba llegando, Jung se adentró, entre 1918 y 1926, en el aparentemente caótico mundo simbólico del Gnosticismo cristiano. Posteriormente encontraría su base de apoyo histórico en la Alquimia, hasta el punto de que estaba convencido de que su Psicología Analítica enlazaba directamente con la Alquimia y que su método psicoterapéutico y revitalizador de símbolos, denominado "Imaginación Activa", era una especie de método mejorado de la Imaginatio vera et no phantastica del Opus alquimista.
La Alquimia, para Jung, era ante todo una búsqueda espiritual en la que el Alquimista, tratando de encontrar el Espíritu Mercurial, el Antrophos, en los elementos de la naturaleza (en la Materia), terminaba por hallarlo dentro de sí mismo, y donde queriendo redimir a la naturaleza se redimía a sí mismo. Según Jung (1951) "tanto en Oriente como en Occidente, el núcleo central de la Alquimia está representado por la doctrina gnóstica del Anthropos y es, por completo, con arreglo a su esencia, una peculiar doctrina de redención". (pág. 91)

El Proceso de Individuación, nombre dado por Jung a la tendencia innata de la Psique humana a encontrar su centro, su Sí-Mismo, es un camino progresivo de autoconocimiento, de desvelamientos de las proyecciones que nuestro Inconsciente Personal emana de forma natural, lo que supone una recuperación consciente de tales proyecciones y, consiguientemente, un gradual mayor conocimiento de uno mismo. Y este proceso conlleva ser consciente de la acción de los Arquetipos Psicoideos en nuestra vida. La Individuación es lo que se refleja en los complejos términos alquimistas y todo su imaginario simbólico, si bien  Jung estimaba que la mayor parte de los Alquimistas ignoraban el juego de proyecciones en el que estaban inmersos y sólo unos pocos fueron conscientes de ello y superaron la red de Maya o de la ilusión.
La Psique arcaica, según Jung, se encuentra fusionada e identificada plenamente con la Naturaleza en una Participation Mystique debido a la enmarañada red de proyecciones  que vinculan al mundo exterior con el Hombre arcaico (el Hombre no racionalista que perdura hasta el Renacimiento, y el Hombre de las tribus primitivas). Debido al Proceso de Individuación, y tras una serie ininterrumpida de solve et coagula (disolver y coagular), las proyecciones van desapareciendo, uno asume sus sombras y luces y se sumerge, conscientemente ahora y dotado de una Nueva Personalidad, en el Unus Mundus. Es entonces cuando se recupera la "Unidad Perdida" y su "Centro".

Las Fases de la Alquimia
  • La Nigredo
alt
La primera de las etapas del "Opus" alquimista, Nigredo o Putrefacción, es la fase de Saturno-Osiris, la del Plomo. Es la inmersión en la materia prima que, mediante una serie de operaciones, se transformará en el Oro Filosofal y en Philium o Lapis Philosophorum en la última etapa, la Rubedo, tras las combinaciones correspondientes entre el "Azufre", el "Mercurio" y la "Sal".
Para Jung (1955) esta primera fase corresponde a la integración del aspecto oscuro de la Psique humana, esto es, de todas aquellas emociones, intuiciones, percepciones y pensamientos que se han rechazado a lo largo de la vida por considerarlos inapropiados o defectos indeseables. Esto supone un sumergirse en el Inconsciente Personal y ser consciente de la multitud de proyecciones que se encuentran en personas de nuestro alrededor y en objetos de nuestro entorno.
Por otro lado esta fase supone un mirar, cara a cara, al aspecto sombrío de la Creación, de Dios mismo incluso, es decir, el Mal, con mayúsculas. Luz y Oscuridad forman parte de la existencia en todos sus ámbitos, y también -a los ojos humanos- de Dios. La Alquimia fue como una corriente subterránea y complementaria al Cristianismo dogmático medieval y renacentista, y oponía al Dios del Bien otro Dios "dúplex", como el Abraxas gnóstico, en el que Bien y Mal confluían.
  • La Albedo
El siguiente paso es la integración consciente y responsable del Arquetipo de lo Opuesto, es decir, del Eterno Femenino en el caso del Hombre (Arquetipo del Anima) y del Eterno Masculino en el caso de la Mujer (Arquetipo del Animus). 
El ser humano, tanto física como psíquicamente, es un conglomerado de opuestos. En nuestros genes hay elementos masculinos y femeninos, y esto también acontece en el Psiquismo. Para el Hombre el Anima se encuentra inicialmente sumergida en el Inconsciente Personal, confundida y entremezclada con la Sombra, pero una vez que ésta ha sido integrada, se transforma  en un "puente" que nos enlaza con lo Psicoideo, con el Inconsciente Colectivo y sus Arquetipos, es el elemento mediador. 
En el plano psicológico durante la Albedo se parte de la labor de retirar las proyecciones en el Arquetipo del Ánima o del Animus. Y una vez lograda esta fase inicial llega el momento de encararse con el Anima para integrarla conscientemente dentro de nuestro ser. Antes se tendrá que solucionar el problema de la transferencia por lo que se ha de tener  presente que la Amada donde se encuentra realmente es dentro de uno mismo. 
La imagen de este encuentro y diálogo con el Ánima es la "Coniunctio", la Hierogamia entre el Alquimista y su Amada, entre el Rey y la Reina de los grabados alquimistas, la "Boda Química de los Elementos" y  lo que surge de ello es el Rebis, el Andrógino. Dice Perrot (1988) haciendo referencia a este proceso: "De ella surgirá el hijo divino de los filósofos, el sol terrestre, el centro luminoso y oscuro a la vez, el astro radiante que reconcilia en sí al Cielo y a la Tierra, el sí y el no, y que esparce a su alrededor una paz y una armonía venidas de fuera". (pág. 134). M.L.von Franz (1995) dice al respecto: "Los participantes en la "boda alquímica" son descritos casi siempre como hermano y hermana, madre e hijo o padre e hija. Su unión constituye pues un incesto. Este aspecto incestuoso de tal constelación amorosa tiene como fin el de que hagamos consciente la proyección, es decir, nos obliga a darnos cuenta de que, en último término, se trata de una íntima unión de los componentes de nuestra propia personalidad, de un "desposorio espiritual", a fin de que sea una vivencia interior no proyectada. A lo que se alude es a una unificación de los contrarios internos en el Sí-Mismo". (pág. 354)
  • La Rubedo
alt
La última etapa de la Alquimia es la Rubedo o Citrinitas la Obra en Rojo o Dorado, donde se alcanza el "Cuerpo de Diamante".
En la Hermenéutica junguiana la Rubedo es el logro de la Totalidad, es decir, el encuentro y acogimiento mutuo entre el Yo de nuestro ser consciente (que ha buscado la Coniunctio), con el Sí-Mismo o Arquetipo de la Totalidad.  Es una nueva Coniunctio, en la que todos los opuestos se juntan y complementan armónicamente y se conectan directamente con el Unus Mundus. Como tal estado es inefable e indescriptible, constituye un Misterio. Este Sí-Mismo es la "Chispa Divina" de la que hablaba el Maestro Eckhart, el Antrophos de la Gnosis, el Dios Interior de la Mística, el Mercurio Filosofal que reúne consigo los irreconciliables opuestos, de ahí que los Alquimistas le designaran con múltiples cualidades contrarias, y en algunos textos le designaran, como Dios mismo, pero un Dios Duplex. Otro de los nombres alquimistas que tuvo fue Lapis Philosophorum. (Jung, 1916) dice al respecto:
"He llamado al centro del Ser con el nombre de Sí-Mismo. Intelectualmente el Sí-Mismo no es más que un concepto psicológico, un término que sirve para expresar la esencia incognoscible que podemos captar como tal, puesto que excede, por definición, a nuestras facultades de comprensión. "Dios en nosotros", se le podría también llamar". (pág. 141).
Antes de alcanzar el plano del Sí-Mismo, Jung (1955) sitúa en el camino del Proceso de Individuación la integración de los Arquetipos del Niño Eterno y del Viejo Sabio, expresados igualmente en numerosas figuras alquimistas: "Se alcanza el segundo escalón al combinarse la unio mentalis, esto es, la unidad del espíritu y alma, con el cuerpo. Pero sólo puede esperarse un cumplimiento del mysterium coniunctionis  si se ha combinado la unidad del espíritu, alma y cuerpo con el Unus Mundus del comienzo". (pág. 330)