Contexto histórico: La Edad Media, la influencia en la Alquimia, la Magia y en el Cristianismo
Marco Teórico: La Creación: Contracción y Expansión, los Velos de Existencia Negativa y la Manifestación Positiva: el Árbol de la Vida

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La palabra Cábala, literalmente “recepción” o “tradición”, refiere a aquellos escritos místicos judíos que intentan resolver interrogantes esenciales del ser humano, como es la condición de Dios, la relación de Dios con la persona y la razón de la existencia del bien y del mal en el mundo. Fuente de doctrina y revelación de rango canónico, semejante al del Tanaj y el Talmud, el carácter inspirador de la Cábala en su búsqueda de senderos al Centro del Misterio, de la Espiritualidad y la Trascendencia, fue enfatizado por numerosos grupos judíos que han insistido en que a pesar de su hermeticidad, su efecto sobre el alma no depende, en última instancia, de su comprensión. El mensaje cabalístico en sí, puede rastrearse en el judaísmo más antiguo y es, auténticamente judío y propio del pueblo de Israel, ya que no es en definitiva sino emanado de los cinco primeros libros bíblicos: el Pentateuco, o la Torah.
La Cábala, teniendo por premisa la condición divina  considera su texto un tesoro de escritos alegóricos y simbólicos que encierran un sin número de claves y señales que esperan ser develadas. A partir de ahí, las respuestas a aquellos interrogantes elaboradas por los cabalistas parten de interpretar simbólicamente significados ocultos en cada versículo e incluso en cada letra y suelen ser construcciones poéticas tan hermosas como herméticas. Sus mejores ejemplos posiblemente lo constituyan el Sefer Yetzirá o "Libro de la Creación" y el Zohar  o "Libro del Esplendor". Estas obras desarrollan creaciones poéticas como la del Árbol de la Vida  y sus Emanaciones divinas, o la idea del tsimtsum o autocontracción divina en el Génesis para dar lugar al Universo, lo que explicaría  la existencia de la Creación como limitación de la Divinidad. Otra hermosa construcción poética y ética cabalística es la de Rabí Isaac Lluria según la cual cuando Dios creó el mundo puso una luz sagrada sobre todas las cosas. Pero la intensidad de esa luz produjo la rotura de las vasijas, shvirat ha’keilim, que la contenían, y sus fragmentos, Qliphoth, cayeron en manos de las fuerzas malignas, que serían las que generan la existencia del mal en el mundo. Los actos éticos o perversos de las personas reparan esas vasijas o continúan quebrándolas. La idea de que toda persona tiene por misión en la vida aportar con sus actos a la corrección y redención de la Humanidad, es central en la concepción que los judíos tienen de sí mismos.
Todas las interpretaciones cabalísticas de las Escrituras son legítimas aproximaciones simbólicas a los infinitos rostros del Misterio del sentido de la existencia humana.
La Cábala forma parte de un saber paradójico, simbólico, poético, a leer en el marco de la ética y el pluralismo judíos. 
altDesde hace tiempo se ha señalado la vinculación del pensamiento neoplatónico, gnóstico, y otros esoterismos occidentales con la Cábala judía por autores judíos y no judíos. Razón por la cual sus orígenes culturales, especialmente la herencia de Grecia y Roma además de otras orientales, no podrían dejar de haber influido sobre las formas en que se aprendía y se enseñaba el esoterismo del pueblo de Israel basado en la Torah, es decir: su Ciencia Sagrada. 
La antigua tradición judía denominada Cábala tomó del siglo I al VI de nuestra era, formulaciones emparentadas con el pensamiento neoplatónico, la Tradición Hermética, los Gnósticos, y por cierto de la secta de los Cristianos Primitivos nacidos en el seno del Judaísmo, que se repetirá concretamente en la obra de autores cristianos como Dionisio Areopagita y posteriormente en el siglo IX en la pluma de Juan Escoto Erígena y más adelante en la Edad Media. 
Hacia el año 1200 surge en Europa dos Escuelas de Cábala que se convertirán en las más importantes. Fueron la Escuela Cabalística de Toledo, cuyo principal representante fue Moisés de León y la Escuela de Girona cuyo representantes más importantes fueron Isaac el Cec y Azriel. Debido a ello la Tradición Hermética accedió en el Renacimiento  a la tradición del pueblo de Israel, en lo que se vincula con la doctrina, la contemplación y la teúrgia, adaptándolas al modelo del Árbol de la Vida. Se sintió expresada por ella dadas las analogías evidentes entre ambas tradiciones y el extraordinario aporte que ha constituido la Cábala hebrea para la Magia, la Alquimia, la Gnosis y para Occidente en general