Marco teórico: El Árbol de la Vida dentro de la Cábala
  1. Las Sephirots  y los Senderos
  2. Los Cuatro Mundos
  3. Las Sephirots y el Hombre: 
    1. La Triada de la Personalidad
    2. La Triada de la Individualidad
    3. La Triada de los Supernos.
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El punto de referencia principal de los cabalistas lo constituye el Mundo divino o Manifestación divina, al que simbolizan mediante un esquema: el Árbol de la Vida que es su Eje Central.
La palabra sephirá, singular de sephirot, proviene de la raíz SFR, que significa: ‘numerar’, ‘contar’, ‘explicar’, ‘escribir’, ‘instruir’ y ‘determinar’; pero que los cabalistas usan en el sentido de «Emanación Divina».
Este término, aparece por primera vez en el Libro de la Formación, Sefer Yetsirá; libro de autor anónimo que parece ser anterior al siglo VI.
De las sephirot, el Sefer Yetsirá sólo nos dice que son diez y, en un lenguaje que recuerda al de los Filósofos Herméticos, las «describe», pero no les da un nombre propio. En el  Sefer Bahir se empezará a hacerlo y los cabalistas provenzales los establecerán definitivamente.
El Sefer Yetsirá empieza de la siguiente manera: "En treinta y dos vías secretas de Sabiduría, Dios -aquí aparecen diez nombres de la divinidad-, santificado sea su Nombre, estableció y creó su Mundo".
También dice que son «treinta y dos vías». Continúa y acaba esta sección diciendo cuáles son estas treinta y dos vías: Diez Sephirot  y Veintidós Letras: las Veintidós Letras del alfabeto hebreo. Esto refleja claramente la estructura gráfica del Árbol de la Vida, formado por diez «esferas» y veintidós «canales» que las ligan entre sí.
Pero este Mundo de la Divinidad no es un todo cerrado; en realidad, tal como hemos dicho, corresponde a su aspecto manifestado que, simplificando, podemos decir se desarrolla a partir de su aspecto no manifestado, llamado Ein Sof o ‘Sin Límite’, del que no se puede decir nada: "De Él no se ha de hacer ni un fin ni un comienzo" (Zohar II, 239a).
Así pues, las sephirot serían como una concretización cada vez más fuerte de este Ein Sof. Pero, ¿cómo se realiza? El Ein Sof, el Incognoscible, piensa y este pensamiento es ya una primera manifestación, que sería como una nube, un rocío extremadamente sutil, que corresponde a la primera sefirá, Kether: La Corona.
A partir de Kether se manifiestan otras dos sefirot, Chokmah, ‘Sabiduría’ y Binah ‘Inteligencia’. Estas tres sephirot constituyen el Mundo de la Emanación o Atziluth, y a partir de ellas se forma toda la Creación, que se establece mediante tres columnas: la de la Misericordia a la derecha, la del Rigor a la izquierda y la de la Equilibrio en medio; encabezadas, respectivamente por las tres sephirot siguientes: Chesed, ‘Gracia’, Gueburah, ‘Rigor’ y Tipharet, ‘Belleza’, que forman el Mundo de la Creación o Briah.
Debajo del Mundo de la Creación se encuentran otros dos: el Mundo de la Formación o Yetsirath, constituido a su vez por tres sephirot dispuestas de la misma manera que las anteriores: Netzach, ‘Triunfo’, Hod, ‘Gloria’ y Yesod, ‘Fundamento’. Y el Mundo de la Acción o Assiah, formado por una única sephirá, Malkuth, ‘el Reino’.
Kether es llamada Cara Larga; Chokmah y Binah, Padre y Madre; y Tipharet y Malkuth, Cara Corta y Hembra, respectivamente. El secreto de los siete días de la Creación corresponde al secreto de dos de estos aspectos: Cara Corta y Hembra, de los que emanan. Pues en ellos hay siete sephirot: Chesed, Gueburah, Tipharet, Netzach, Hod, Yesod y Malkuth. Así pues, la obra de la Creación aparece a partir de la Unión de Malkuth con Tipharet, a las que también se les llama, respectivamente: el Rey y la Reina o Matrona, el Santo bendito Sea y la Shekinah o Presencia Divina, Sol y Luna, Cielo y Tierra, Esposo y Esposa, etc.
Se podría decir que, para el cabalista, el escenario del drama de la Caída o Exilio del Hombre se sitúa en el caos anterior a la Creación, y no existirá orden, mientras que la Shekinah, aspecto femenino de la Divinidad, en exilio con el pueblo de Israel, no se una con el  aspecto masculino de la Divinidad, a través de Yesod, de quien la Escritura nos dice que es el Fundamento del Mundo. (Proverbios X, 25). Es decir, mientras no se produzca en el seno de la Divinidad simbolizada por el Self o Sí Mismo, la Unión de los Opuestos.